Historia de los Tutis

 

 

 

 

Dicen que en la infancia nos suceden cosas que nos marcarán de por vida. Tanto buenas como no tan agradables. En mi caso, la verdad es que no tengo muchos recuerdos de mi niñez. (A veces mejor no tenerlos porque pueden ser experiencias traumáticas y no superadas). Pero no, no os asustéis. No es mi caso. Creo que mejor tener pocos y maravillosos recuerdos que muchos y algo insulsos. La memoria es la que selecciona. ¿O somos nosotros? Dejando aparte reflexiones filosóficas, mis padres eran un de tantos matrimonios que desde la Garrotxa (Girona) habían emigrado a Barcelona, para formar una familia y tener mejores oportunidades laborales.   Bueno, pues uno de mis recuerdos infantiles es una situación que se repitió durante un tiempo.

 

Tutis: Título de la obra 2

 

 

Un día, mi madre me hizo una propuesta (una semi-orden) que cambió mi vida, añadiría que hasta mi mundo: «Anna, vamos al taller de la modista que quiero hacerme un vestido». Claro está que la primera vez fue como si fuéramos a comprar a la carnicería o al colmado, otro sitio donde los adultos hablaban de sus cosas y que no llegaba a entender del todo. Eso iba pensando por el camino. No estaba muy lejos de casa y, al abrir la puerta, sonaba una campanilla que estaba colgando que avisaba de la visita de alguien. No recuerdo la cara de aquella señora y ni siquiera su aspecto. Lo que noté era que mi madre y ella ya se conocían. Me presentó a la modista. Y, aunque tampoco visualizo aquel momento, supongo que me daría dos besos y me diría algo así como; “¡se parece a su madre! ¡Y qué alta para su edad!” También me imagino que yo, con la mirada baja, pondría una media sonrisa educada para corresponder a su amabilidad y que no abriría la boca.